Al final de un curso celebrado
recientemente con un grupo de personas que llevan algunos
años trabajando juntas, nos dedicamos a hacer una lista de
las palabras que constituyen lo que llamaríamos los
"titulares" de este trabajo. Acabamos con una lista de once
o doce palabras, y siento que esta lista se puede reducir
todavía más, puesto que a menudo el significado de un
término está contenido en otro. Tan sólo 12 palabras, pero
tantas maneras de aproximarse a ellas que, finalmente, su
sentido más profundo se convierte en realidad, en sensación
sentida, en experiencia.
Las exploraciones que nosotros, como
grupo fluctuante, hemos venido realizando juntos —en grupos
de 15-20 personas y con un grupo total de unas 200 personas—
durante los últimos diez años, suman un total de 400 horas
de formación, suficiente como para completar un curso de
postgrado sustancial. Y, sin embargo, ¡todo este trabajo
puede reducirse a doce palabras! Ellas describen toda una
manera de ser.
Una de las vías posibles para realizar
este trabajo es la de tomar estas palabras, una por una, y
convertirlas en títulos de los capítulos y, después de una
primera revisión de su significado por mi parte, pediros que
enviéis por e-mail cualquier ampliación de esa palabra, en
cualquier formato que elijáis, para su posible adición al
capítulo apropiado. Empecemos con Quietud.
Quietud. Esta palabra, que aparece en el
título de la página, ha sido abordada en muchas ocasiones.
La quietud, en el sentido que nosotros le damos, no es
únicamente la falta de movimiento de los miembros, ni
siquiera un aquietamiento de la mente, sino, más bien, un
estado de ser. Quietud, por lo tanto, implica un "no dejarse
atrapar" o no-apego a cualquier cosa que se esté
manifestando.
Es perfectamente posible que mi cerebro
esté parloteando y que mis piernas den sacudidas, pero, si
puedo permanecer consciente, pacíficamente consciente, de
todas estas cosas que están ocurriendo sin identificarme con
ellas, descansando simplemente como observador, entonces,
yo, el verdadero yo, me mantengo aquietado. Son el cerebro y
las piernas los que se mueven.
Si el agua deriva lucidez de la quietud,
¡cuánto más las facultades mentales! La mente del sabio, al
estar en reposo, se convierte en el espejo del universo, el
"speculum" de toda creación.
Chuang Tzu.
La enseñanza importante de esta cita no
es que el universo está aquietado, puesto que no lo está
—está en constante movimiento— sino que el espejo ha de
estar limpio y transparente. Esto significa que mi mente
está en reposo, consciente de todos los movimientos,
incluyendo los movimientos y la excitación de mis propios
sentidos, pero sin dejarme pillar por ellos ni apegarme a
sus actividades. No puedo resaltar suficientemente la
importancia de esta afirmación. Muchas personas se quejan de
que su cerebro sigue parloteando cuando se supone que tienen
que estar meditando o aquietadas. Ésta es la naturaleza del
cerebro. Esto es lo que hace. ¡Está vivo! La paradoja es que
si encontramos un modo de no alimentar esa actividad con la
energía de nuestra atención, dicha actividad puede, como
todas las formas de vida cuando no se las nutre, simplemente
atrofiarse y terminar. De repente, puede llegar un momento
en que nos demos cuenta que hemos estado en el espacio entre
las notas y que ha habido verdadera quietud. ¡Qué música tan
hermosa! ¡Es posible oír la voz del silencio!
No podemos escuchar este sonido mientras
estamos ocupados esforzándonos por librarnos del parloteo,
pero está allí, ya está presente, en cuanto nos rendimos a
la inseguridad que revela el no esforzarse, el no intentar.
Esto queda bellamente ilustrado por la
historia siguiente, que es el feedback de una alumna sobre
su experiencia de compartir durante una formación
reciente...
"Yo me sentía muy cansada y estaba
sentada con una taza de té en la cocina."
"Mary vino y se sentó conmigo. Después de
un rato, dijo que ella entendía por qué estaba agotada. Tomó
mi mano en las suyas y la mantuvo sobre su regazo, y
continuamos hablando sobre esto y aquello."
"Entonces, mientras la conversación
continuaba, noté que me estaba dando un tratamiento y me
sentí genial."
"Le dije: "Me estás dando un tratamiento"
y ella se limitó a sonreír. Sentí que a través de sus manos
fluía una fuerza y unos recursos que eran como una montaña.
Esto me llegaba a través de una quietud que me es familiar.
Conozco este trabajo por haber sido alumna de Mike, y por
practicar como terapeuta y paciente."
"Un cosa particularmente notable fue
cuando puso su mano sobre mi pie y parecía intentar darme un
tratamiento aún mejor, la sensación de la quietud y el poder
de la quietud desaparecieron completamente."
"Me sentí apoyada y vivificada por el
tratamiento recibido; era muy bueno estar en contacto con
eso en ella y en mí."
Así es exactamente como he recibido este
testimonio, que resalta la diferencia entre la absoluta
receptividad contenida en Ser y la acción del Hacer. Resulta
tan difícil simplemente Confiar en la Marea y ser, ¿no os
parece? Y, sin embargo, sin embargo, éste es el único modo
de trascender las limitaciones de nuestro saber. Y de tocar
la esencia.
Lo que sigue es una nota de Erich
Schiffmann, tomada de su libro "Moving into Stillnees"
[Entrando en la quietud], que parece decir lo mismo de
manera diferente: la quietud es dinámica. Es movimiento sin
conflicto, la vida en armonía consigo misma, habilidad en
acción.
Puede experimentarse en cualquier momento
que haya una participación total, desinhibida y sin
conflictos en el momento en que estás; cuando estás
totalmente presente en cualquier cosa que estés haciendo.
Entonces, ¡qué gloriosa terapia es ésta
que nos permite sentarnos en Quietud con otro u otros seres
humanos! Sólo cuando estamos aquietados, según la definición
que estamos usando aquí, lo que significa sin apego o juicio
respecto a lo que se está revelando, llega a contarse la
historia. Si oír es curar, como se suele decir, entonces la
quietud absoluta, el no-apego, ofrece la posibilidad de que
la historia se cuente completamente, y en la plena escucha
reside la plena curación. Nosotros no tenemos que hacer
nada; simplemente recibir, sin juicio. Allí, en la
receptividad, está el inmenso poder del principio femenino.
¡Qué precioso y raro es!
Aquí hay un ejemplo de un momento de
Quietud. Acción aquietada con la co-operación de la
tecnología moderna;
"Flames" ["Llamas"] de Julian Johnson.