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CONVERSACIONES EN QUIETUD

CONVERSACIONES
EN QUIETUD

Con Mike Boxhall

Capítulo 1

QUIETUD

Quietud

Yo no hago nada,

y la gente se transforma.

Yo amo la quietud,

y la gente se orienta hacia lo correcto.

Yo no trabajo,

y las personas se enriquecen.

Yo no tengo deseos,

y las personas por sí mismas se vuelven simples.

"El Tao del Tao Te King". Traducido por Michael Lafargue.

Al final de un curso celebrado recientemente con un grupo de personas que llevan algunos años trabajando juntas, nos dedicamos a hacer una lista de las palabras que constituyen lo que llamaríamos los "titulares" de este trabajo. Acabamos con una lista de once o doce palabras, y siento que esta lista se puede reducir todavía más, puesto que a menudo el significado de un término está contenido en otro. Tan sólo 12 palabras, pero tantas maneras de aproximarse a ellas que, finalmente, su sentido más profundo se convierte en realidad, en sensación sentida, en experiencia.

Las exploraciones que nosotros, como grupo fluctuante, hemos venido realizando juntos —en grupos de 15-20 personas y con un grupo total de unas 200 personas— durante los últimos diez años, suman un total de 400 horas de formación, suficiente como para completar un curso de postgrado sustancial. Y, sin embargo, ¡todo este trabajo puede reducirse a doce palabras! Ellas describen toda una manera de ser.

Una de las vías posibles para realizar este trabajo es la de tomar estas palabras, una por una, y convertirlas en títulos de los capítulos y, después de una primera revisión de su significado por mi parte, pediros que enviéis por e-mail cualquier ampliación de esa palabra, en cualquier formato que elijáis, para su posible adición al capítulo apropiado. Empecemos con Quietud.

Quietud. Esta palabra, que aparece en el título de la página, ha sido abordada en muchas ocasiones. La quietud, en el sentido que nosotros le damos, no es únicamente la falta de movimiento de los miembros, ni siquiera un aquietamiento de la mente, sino, más bien, un estado de ser. Quietud, por lo tanto, implica un "no dejarse atrapar" o no-apego a cualquier cosa que se esté manifestando.

Es perfectamente posible que mi cerebro esté parloteando y que mis piernas den sacudidas, pero, si puedo permanecer consciente, pacíficamente consciente, de todas estas cosas que están ocurriendo sin identificarme con ellas, descansando simplemente como observador, entonces, yo, el verdadero yo, me mantengo aquietado. Son el cerebro y las piernas los que se mueven.

Si el agua deriva lucidez de la quietud, ¡cuánto más las facultades mentales! La mente del sabio, al estar en reposo, se convierte en el espejo del universo, el "speculum" de toda creación.
Chuang Tzu.

La enseñanza importante de esta cita no es que el universo está aquietado, puesto que no lo está —está en constante movimiento— sino que el espejo ha de estar limpio y transparente. Esto significa que mi mente está en reposo, consciente de todos los movimientos, incluyendo los movimientos y la excitación de mis propios sentidos, pero sin dejarme pillar por ellos ni apegarme a sus actividades. No puedo resaltar suficientemente la importancia de esta afirmación. Muchas personas se quejan de que su cerebro sigue parloteando cuando se supone que tienen que estar meditando o aquietadas. Ésta es la naturaleza del cerebro. Esto es lo que hace. ¡Está vivo! La paradoja es que si encontramos un modo de no alimentar esa actividad con la energía de nuestra atención, dicha actividad puede, como todas las formas de vida cuando no se las nutre, simplemente atrofiarse y terminar. De repente, puede llegar un momento en que nos demos cuenta que hemos estado en el espacio entre las notas y que ha habido verdadera quietud. ¡Qué música tan hermosa! ¡Es posible oír la voz del silencio!

No podemos escuchar este sonido mientras estamos ocupados esforzándonos por librarnos del parloteo, pero está allí, ya está presente, en cuanto nos rendimos a la inseguridad que revela el no esforzarse, el no intentar.

Esto queda bellamente ilustrado por la historia siguiente, que es el feedback de una alumna sobre su experiencia de compartir durante una formación reciente...

"Yo me sentía muy cansada y estaba sentada con una taza de té en la cocina."

"Mary vino y se sentó conmigo. Después de un rato, dijo que ella entendía por qué estaba agotada. Tomó mi mano en las suyas y la mantuvo sobre su regazo, y continuamos hablando sobre esto y aquello."

"Entonces, mientras la conversación continuaba, noté que me estaba dando un tratamiento y me sentí genial."

"Le dije: "Me estás dando un tratamiento" y ella se limitó a sonreír. Sentí que a través de sus manos fluía una fuerza y unos recursos que eran como una montaña. Esto me llegaba a través de una quietud que me es familiar. Conozco este trabajo por haber sido alumna de Mike, y por practicar como terapeuta y paciente."

"Un cosa particularmente notable fue cuando puso su mano sobre mi pie y parecía intentar darme un tratamiento aún mejor, la sensación de la quietud y el poder de la quietud desaparecieron completamente."

"Me sentí apoyada y vivificada por el tratamiento recibido; era muy bueno estar en contacto con eso en ella y en mí."

Así es exactamente como he recibido este testimonio, que resalta la diferencia entre la absoluta receptividad contenida en Ser y la acción del Hacer. Resulta tan difícil simplemente Confiar en la Marea y ser, ¿no os parece? Y, sin embargo, sin embargo, éste es el único modo de trascender las limitaciones de nuestro saber. Y de tocar la esencia.

Lo que sigue es una nota de Erich Schiffmann, tomada de su libro "Moving into Stillnees" [Entrando en la quietud], que parece decir lo mismo de manera diferente: la quietud es dinámica. Es movimiento sin conflicto, la vida en armonía consigo misma, habilidad en acción.

Puede experimentarse en cualquier momento que haya una participación total, desinhibida y sin conflictos en el momento en que estás; cuando estás totalmente presente en cualquier cosa que estés haciendo.

Entonces, ¡qué gloriosa terapia es ésta que nos permite sentarnos en Quietud con otro u otros seres humanos! Sólo cuando estamos aquietados, según la definición que estamos usando aquí, lo que significa sin apego o juicio respecto a lo que se está revelando, llega a contarse la historia. Si oír es curar, como se suele decir, entonces la quietud absoluta, el no-apego, ofrece la posibilidad de que la historia se cuente completamente, y en la plena escucha reside la plena curación. Nosotros no tenemos que hacer nada; simplemente recibir, sin juicio. Allí, en la receptividad, está el inmenso poder del principio femenino. ¡Qué precioso y raro es!

Aquí hay un ejemplo de un momento de Quietud. Acción aquietada con la co-operación de la tecnología moderna;

"Flames" ["Llamas"] de Julian Johnson.

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