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CONVERSACIONES EN QUIETUD

CONVERSACIONES
EN QUIETUD

Con Mike Boxhall

Capítulo 12

JULIO

ENSEÑANZA

En sánscrito, Dharmachacra significa la “Rueda del Dharma”. Este mudra simboliza uno de los momentos más importantes en la vida de Buda, la ocasión en que predicó a sus compañeros el primer sermón después de su iluminación en el parque de los ciervos de Sarnath. Así, denota la puesta en marcha de la Rueda de la enseñanza del Dharma. En este mudra el pulgar y el dedo índice de ambas manos se tocan en las puntas formando un círculo. Este círculo representa la Rueda del Dharma, o, en términos metafísicos, la unión de método y sabiduría.  

“No hay final. No hay principio. Sólo hay pasión por la vida.”
Federico Fellini 

La práctica de la atención consciente en estos tiempos tan revueltos es más importante que nunca. Si nosotros, individualmente, no nos tomamos el tiempo de practicar la conciencia del momento, no sólo nos resultará difícil transformar el sufrimiento en nuestras propias vidas, sino que nos resultará difícil transformar el sufrimiento del mundo. Es vital para nosotros mismos, para nuestros hijos y para la Tierra que tengamos una práctica que nos ayude a ser conscientes, que nos permita volver a nosotros mismos y habitar el momento presente para transformar el sufrimiento en nosotros mismos y en los que nos rodean.  

Thich Nhat Hahn 

Estamos en el último capítulo; hace un año nos propusimos hacer doce, y aquí estamos. Hay un prefacio y puede haber un índice y una lista de bibliografía que añadir al final.  

Sin embargo, éste no es el final de la historia; tal vez Fellini tenga razón; ni siquiera hay principio, sólo el eterno ahora. ¡Pero hay pasión! Tenemos una estructura y mi trabajo en los próximos meses consiste, con vuestra ayuda, en extender la estructura central desde el centro hacia fuera. Prácticamente todas las entradas, al menos mi parte de ellas, necesitan expandir las ideas contenidas en el capítulo. Necesitamos notas de casos reales, y tal vez una elaboración general más completa. Algunas ideas son demasiado densas y es necesario desplegarlas.

Por encima de todo, cuando tengamos el volumen requerido, tendremos que corregirlo muy detenidamente. Hasta la fecha no me he molestado demasiado con este aspecto de las cosas, y sé que hay muchas inadecuaciones.

Este mes quiero hablar de la idea general de que lo que cuenta es la enseñanza, no el profesor. Éste es un tema que he promovido consistentemente a lo largo de mi enseñanza, y creo que merece la pena repetirlo aquí:  

Todo mi trabajo ha sido de “dirigir siguiendo”. Como Ray Grigg dice en The Tao of Being, estrofa 30, 

En el Reino del pensamiento, nada puede conseguirse por la fuerza. Si empujas, los pensamientos se tropiezan consigo mismos. Si te esfuerzas, reina la confusión. Busca y lucha, y todo lo que encontrarás será búsqueda y lucha. Como el moverse con el Dao, el entendimiento viene por sí mismo.

La preparación para aquello que viene por sí mismo se llama aprendizaje. Concéntrate en aprender y tendrás éxito. Trabaja el entendimiento y fracasarás.

Todo aprendizaje es aprendizaje por seguimiento. Aprende delicadamente y con cuidado de modo que el seguimiento no se vea alterado. Aprende con ira y el seguimiento conduce al miedo; aprende con miedo y el seguimiento produce ira.

Para entender, aprende y después olvídate de lo aprendido. Suelta y confía. La comprensión viene sin esfuerzo. No es algo adquirido, sino que ocurre. Maravíllate, suavízate y ábrete. Deja que el entendimiento dirija. Confía en el soltar y sigue su guía. A esto se le llama entender-por-seguimiento. Suelta delicada y cuidadosamente, para que el seguimiento no se vea alterado. El entendimiento no puede ser controlado por el yo. Aprende a entender aprendiendo a estar sin identidad.

Entender es pensar libre del yo, moverse sin obstáculos en la plenitud vacía del Dao

Hemos intentado seguir estas reglas y la enseñanza ha sido la revelación de lo que surge cuando un grupo de alumnos y un facilitador/profesor trabajan juntos en práctica compartida. Esto es lo contrario de la forma de enseñanza más común, que es didáctica y dogmática. Temo que ésta última tiende a debilitar al alumno. Y temo que esto es bastante habitual.  

Deberíamos ver lo que hay allí, más que lo que debería haber o lo que otro nos dice que espera que haya. Es peligroso predecir la verdad. Puede ocurrir que por el hecho de predecirla, la reduzcamos a nuestra expectativa.  

El precursor de ser capaz de ver lo que realmente es, tanto en el cliente como en cualquier otro tipo de relación del tipo que sea, es estar despierto. El Buda no dijo únicamente que el plan para su vida era estar despierto; dijo: “Estoy despierto”. Hay un enorme poder en esa afirmación.  

Así, en la relación profesor/alumno, el trabajo del profesor es estar despierto al presente. Si el trabajo no se basa en datos, y el nuestro no se basa en ellos, es posible que eso sea todo lo que se necesita. El trabajo hará el trabajo. Nadie hace nada a otra persona.  

Enseñar, en este modelo, tiene que ver con la relación y con lo que surge de esa relación en la presencia al ahora. Esa revelación es necesaria y muy incómoda para el intelecto, que cambia continuamente. En mí hay una constante batalla entre la expresión y la experiencia de lo que surge y el dogma de lo que debería surgir, o de lo que debería decirse o sentirse.  

Estoy tratando de saltar/caerme del acantilado en el desconocimiento y confiar en lo que venga cuando hay quietud. Esto será lo que yo llamo Inteligencia, y puede tener muy poco que ver con el intelecto.  

Si puedo confiar en eso, será verdad y funcionará. Ésta es mi experiencia. Si me persuado de que confío, eso es algo diferente, y puede que no sea verdad y puede que no funcione o, al menos, el trabajo será muy parcial y sintomático. 

Esto me resulta muy difícil a veces, y sé a qué nivel de lo que llamo “yo” le resulta difícil.  

Practica, practica, practica. Eso es todo lo que hay.  

Así, en la relación entre terapeuta y paciente, profesor y alumno, la conciencia cada vez más amplia que se va desplegando no surge de analizar los hechos, sino, más bien, es una encarnación de lo que está allí, profundizándose en pasos sucesivos, aunque no necesariamente iguales, hasta un nivel de ser que no está traumatizado… Encuentro que esto es experimentalmente verdad. Y soy completamente incapaz de clasificar o explicar lo que ha ocurrido. Si pudiera, debería haber objetivizado y limitado el despertar. Sin duda, objetivizar quiere decir limitar. Pero el trabajo no es un objeto, como tampoco lo es el alumno/cliente; sólo hay una ocurrencia, una revelación, movimiento, cambio, la naturaleza de todas las cosas sin separación entre la experiencia y el experimentador.  

El principio y el final no están separados, ambos están aquí mismo.  

Eso es atención al momento.  

Éste es mi método; espero que contenga un poco de sabiduría. Es tuya.


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