En sánscrito,
Dharmachacra significa la “Rueda del Dharma”. Este mudra
simboliza uno de los momentos más importantes en la vida de
Buda, la ocasión en que predicó a sus compañeros el primer
sermón después de su iluminación en el parque de los ciervos
de Sarnath. Así, denota la puesta en marcha de la Rueda de
la enseñanza del Dharma. En este mudra el pulgar y el dedo
índice de ambas manos se tocan en las puntas formando un
círculo. Este círculo representa la Rueda del Dharma, o, en
términos metafísicos, la unión de método y sabiduría.
“No hay
final. No hay principio. Sólo hay pasión por la vida.”
Federico Fellini
La práctica de
la atención consciente en estos tiempos tan revueltos es más
importante que nunca. Si nosotros, individualmente, no nos
tomamos el tiempo de practicar la conciencia del momento, no
sólo nos resultará difícil transformar el sufrimiento en
nuestras propias vidas, sino que nos resultará difícil
transformar el sufrimiento del mundo. Es vital para nosotros
mismos, para nuestros hijos y para la Tierra que tengamos
una práctica que nos ayude a ser conscientes, que nos
permita volver a nosotros mismos y habitar el momento
presente para transformar el sufrimiento en nosotros mismos
y en los que nos rodean.
Thich Nhat Hahn
Estamos en el
último capítulo; hace un año nos propusimos hacer doce, y
aquí estamos. Hay un prefacio y puede haber un índice y una
lista de bibliografía que añadir al final.
Sin embargo,
éste no es el final de la historia; tal vez Fellini tenga
razón; ni siquiera hay principio, sólo el eterno ahora.
¡Pero hay pasión! Tenemos una estructura y mi trabajo en los
próximos meses consiste, con vuestra ayuda, en extender la
estructura central desde el centro hacia fuera.
Prácticamente todas las entradas, al menos mi parte de
ellas, necesitan expandir las ideas contenidas en el
capítulo. Necesitamos notas de casos reales, y tal vez una
elaboración general más completa. Algunas ideas son
demasiado densas y es necesario desplegarlas.
Por encima de
todo, cuando tengamos el volumen requerido, tendremos que
corregirlo muy detenidamente. Hasta la fecha no me he
molestado demasiado con este aspecto de las cosas, y sé que
hay muchas inadecuaciones.
Este mes quiero
hablar de la idea general de que lo que cuenta es la
enseñanza, no el profesor. Éste es un tema que he promovido
consistentemente a lo largo de mi enseñanza, y creo que
merece la pena repetirlo aquí:
Todo mi trabajo
ha sido de “dirigir siguiendo”.
Como Ray
Grigg dice en The Tao of Being, estrofa 30,
En el Reino del
pensamiento, nada puede conseguirse por la fuerza. Si
empujas, los pensamientos se tropiezan consigo mismos. Si te
esfuerzas, reina la confusión. Busca y lucha, y todo lo que
encontrarás será búsqueda y lucha. Como el moverse con el
Dao, el entendimiento viene por sí mismo.
La preparación
para aquello que viene por sí mismo se llama aprendizaje.
Concéntrate en aprender y tendrás éxito. Trabaja el
entendimiento y fracasarás.
Todo aprendizaje
es aprendizaje por seguimiento. Aprende delicadamente y con
cuidado de modo que el seguimiento no se vea alterado.
Aprende con ira y el seguimiento conduce al miedo; aprende
con miedo y el seguimiento produce ira.
Para entender,
aprende y después olvídate de lo aprendido. Suelta y confía.
La comprensión viene sin esfuerzo. No es algo adquirido,
sino que ocurre. Maravíllate, suavízate y ábrete. Deja que
el entendimiento dirija. Confía en el soltar y sigue su
guía. A esto se le llama entender-por-seguimiento. Suelta
delicada y cuidadosamente, para que el seguimiento no se vea
alterado. El entendimiento no puede ser controlado por el
yo. Aprende a entender aprendiendo a estar sin identidad.
Entender es
pensar libre del yo, moverse sin obstáculos en la plenitud
vacía del Dao.
Hemos intentado
seguir estas reglas y la enseñanza ha sido la revelación de
lo que surge cuando un grupo de alumnos y un
facilitador/profesor trabajan juntos en práctica compartida.
Esto es lo contrario de la forma de enseñanza más común, que
es didáctica y dogmática. Temo que ésta última tiende a
debilitar al alumno. Y temo que esto es bastante habitual.
Deberíamos ver
lo que hay allí, más que lo que debería haber o lo que otro
nos dice que espera que haya. Es peligroso predecir la
verdad. Puede ocurrir que por el hecho de predecirla, la
reduzcamos a nuestra expectativa.
El precursor de
ser capaz de ver lo que realmente es, tanto en el cliente
como en cualquier otro tipo de relación del tipo que sea, es
estar despierto. El Buda no dijo únicamente que el plan para
su vida era estar despierto; dijo: “Estoy despierto”. Hay un
enorme poder en esa afirmación.
Así, en la
relación profesor/alumno, el trabajo del profesor es estar
despierto al presente. Si el trabajo no se basa en datos, y
el nuestro no se basa en ellos, es posible que eso sea todo
lo que se necesita. El trabajo hará el trabajo. Nadie hace
nada a otra persona.
Enseñar, en este
modelo, tiene que ver con la relación y con lo que surge de
esa relación en la presencia al ahora. Esa revelación es
necesaria y muy incómoda para el intelecto, que cambia
continuamente. En mí hay una constante batalla entre la
expresión y la experiencia de lo que surge y el dogma de lo
que debería surgir, o de lo que debería decirse o sentirse.
Estoy tratando
de saltar/caerme del acantilado en el desconocimiento y
confiar en lo que venga cuando hay quietud. Esto será lo que
yo llamo Inteligencia, y puede tener muy poco que ver con el
intelecto.
Si puedo confiar
en eso, será verdad y funcionará. Ésta es mi experiencia. Si
me persuado de que confío, eso es algo diferente, y puede
que no sea verdad y puede que no funcione o, al menos, el
trabajo será muy parcial y sintomático.
Esto me resulta
muy difícil a veces, y sé a qué nivel de lo que llamo “yo”
le resulta difícil.
Practica,
practica, practica. Eso es todo lo que hay.
Así, en la
relación entre terapeuta y paciente, profesor y alumno, la
conciencia cada vez más amplia que se va desplegando no
surge de analizar los hechos, sino, más bien, es una
encarnación de lo que está allí, profundizándose en pasos
sucesivos, aunque no necesariamente iguales, hasta un nivel
de ser que no está traumatizado… Encuentro que esto es
experimentalmente verdad. Y soy completamente incapaz de
clasificar o explicar lo que ha ocurrido. Si pudiera,
debería haber objetivizado y limitado el despertar. Sin
duda, objetivizar quiere decir limitar. Pero el trabajo no
es un objeto, como tampoco lo es el alumno/cliente; sólo hay
una ocurrencia, una revelación, movimiento, cambio, la
naturaleza de todas las cosas sin separación entre la
experiencia y el experimentador.
El principio y
el final no están separados, ambos están aquí mismo.
Eso es atención
al momento.
Éste es mi
método; espero que contenga un poco de sabiduría. Es tuya.