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CONVERSACIONES EN QUIETUD

CONVERSACIONES
EN QUIETUD

Con Mike Boxhall

Capítulo 10

MAYO

EL APEGO

 Quien se ata a la alegría

destruye la alada vida

pero quien la besa al vuelo

vive en el amanecer de la Eternidad

William Blake 

El apego es una causa crítica y fundamental del sufrimiento, o de la insatisfacción, que se menciona muchas veces en el budismo. 

Asume muchas formas: estamos apegados a nuestra nación, a nuestro linaje, a nuestra religión, a nuestra educación, a la dieta elegida y particularmente a nuestras enfermedades.

Sobre todo, estamos apegados a la noción de ser una entidad separada, separada de todas las demás entidades, que se llama yo.

Extrañamente, ninguna cantidad de investigación seria nos permite dar con ese yo. Puedo encontrar mi pie y mi hígado, y mi pensamiento y mi emoción, pero el ser que es dueño de estos atributos no puede ser hallado separadamente en ninguna parte. Sobre este tema se podría escribir todo un libro y, de hecho, muchos se han escrito; pero el resultado, si nos permitimos profundizar un poco más -¿tal vez preferiríamos no hacerlo?- es que lo que pensábamos que estaba separado se convierte en una interacción entre todas las formas que surgen del vacío, y ninguna de ellas está intrínsecamente separada. 

Sin embargo, permanecemos definitivamente apegados. 

Mi propuesta respecto a este tema es la siguiente: estoy apegado a todo tipo de cosas, no digo que sea de otra manera. Si trato de librarme de mis apegos, simplemente alimento aquello de lo que me quiero librar con mi atención, lo que no hace sino alimentar el problema percibido. El resultado es bastante evidente. 

Sin embargo, si en lugar de ser violento conmigo mismo puedo traer compasivamente este apego ante la conciencia desnuda y retirar los juicios que mantengo, entonces surge el espacio en el que el apego puede florecer en otra cosa. 

Para un terapeuta esto es particularmente aplicable al deseo de curar a alguien. Éste es un enganche enorme, y el efecto del enganche es asegurar que la relación energética entre mí y el paciente sea de esfuerzo, no de escucha vacía y relajada. El tipo de escucha que es terapéutica en sí misma. Este tipo de intervención surge de mi visión limitada de cómo debería estar el paciente. Si puedo limitarme a presentar un gran espacio en el que el paciente pueda expresarse plenamente, no necesariamente verbalmente, todo su sufrimiento, no sólo el síntoma presente, entonces entra en juego una iluminación inherente y se revela la inteligencia. No sólo mi mejor intención mecánica. Entonces es posible que el paciente oiga, tal vez por primera vez, una revelación de su verdadero ser, que no es otra cosa que una expresión del vacío. La frase más grande de Sutherland, en mi opinión, "puedes confiar en la marea", resuena con esto.  

Cuando los terapeutas se sienten atraídos hacia lo que podríamos denominar el trabajo espiritual, a veces tienen la falsa noción que de algún modo no deberían cobrar por su trabajo. Yo les ofrezco esto: elegimos nacer en la forma humana, en tiempo y espacio, donde hay una definición perfectamente válida de lo que es la justa manera de ganarse la vida. Esta definición ha incluido durante varios cientos de años la idea de que el dinero es un medio de intercambio. Eso es todo. No tiene valor intrínseco, es un medio de intercambio y no valorar en términos corrientes lo que ofrecemos es devaluarlo. Éste es uno de los muchos ejemplos que podemos encontrar de la "compasión idiota". Robar a la gente es robar a la gente. Pedir un salario justo es justo. Dar apoyo a los pobres y necesitados también es justo, cuando es apropiado. 

Si eres guiado a vivir como un monje y a ponerte a la merced y generosidad de otros que te sustenten y a cambio les das sabiduría/curación, ése es un intercambio justo. Lo mismo ocurre si usas el dinero como medio. Por favor, no hagas un juicio respecto a cuál es mejor. Algo similar ocurre cuando la gente se siente llevada a enseñar. "¿Estoy preparado, sé lo suficiente, me sentiré pillado?" Surgen todas estas dudas. 

Estas son preguntas muy válidas si quieres enseñar aritmética o mecánica del motor. Pero si te sientes llevado hacia algo muy diferente, la única pregunta es: "¿Estoy preparado para soltar lo que me mantiene separado de los alumnos, estoy preparado a ser únicamente lo que soy? ¿Puedo compartir eso tal como es, sin ningún juicio de ser suficientemente bueno o no ser suficientemente bueno?. El apego a "no ser suficientemente bueno" es enorme. No tiene sustancialidad, es un apego y la conciencia de eso abre la posibilidad de cambiar. El cambio está en el núcleo de todo fenómeno.  

Si puedo compartir eso, esa integridad permitirá al alumno realizar (hacer real o concreto; dar realidad o sustancia a; "nuestras ideas deben ser sustanciadas en acciones"), en la práctica compartida, su propia integridad. A todos los niveles, Espíritu, mente y cuerpo.  

Hemos tocado aquí, muy brevemente, la noción de impermanencia o insustancialidad. 

Es un tema muy extenso y muchas personas consideran que la impermanencia es negativa. Ésta es una visión muy limitada puesto que, como en todo lo demás, hay otro lado. Si las cosas buenas son impermanentes, entonces, por la misma regla, también lo son las cosas malas (nótese el juicio en estos adjetivos).

Éste es mi ejemplo, que puede ser familiar a quienes me conocen; no tengo un Aston Martin DB7 (mi coche favorito y carísimo). Si hubiera permanencia, nunca tendría un Aston Martin. Pero, como nada es permanente, un día podría tener un Aston Martin. ¿Qué quieres? ¿Zapatos Ferrogamo? ¿Muchos pacientes? ¿Curar a muchos pacientes? ¿Una vida mejor? ¿La santidad? Da gracias por la impermanencia.  

Ésta es una pequeña historia de Carmen Renalias, de España, que ilustra perfectamente el trabajo con el apego, sin intentar librarse de él;

En una de las prácticas que hicimos, sentí que iba a un nivel más y más profundo, podía sentir que no estaba en mi cuerpo, que no estaba en mis sentimientos, que ni siquiera era yo misma en este tiempo, que simplemente estaba por todas partes y el tiempo no existía. Y entonces, no sé de dónde vino, surgió la imagen de mis hijos, y de repente volví y noté que no podía despegarme de ellos, surgió el miedo de perderlos.

De algún modo he estado donde no sentía apego, ni placer, ni dolor, sólo ser, pero el miedo de perder a mis hijos fue tan fuerte que me causó mucho sufrimiento, y tristeza al pensar en soltar mi apego a ellos. La tristeza simplemente era. Fue importante experimentarla, porque aunque había sufrimiento, podía ver el camino por debajo del sufrimiento. Del todo ser uno, surgió la diferenciación, mis hijos y yo, el amor se convirtió en miedo. Aún me mueve ahora, cuando lo escribo y hace que me sienta muy humilde y muy cuidadosa conmigo misma.

En esta vida nos apegamos a nuestra familia, a nuestras ideas, a nuestros profesores y, como has dicho, a nuestra vida... y nos olvidamos de que todo es uno.

¡Por favor no os apeguéis a libraros del apego!


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