MAYO
EL APEGO
Quien
se ata a la alegría
destruye la
alada vida
pero quien la
besa al vuelo
vive en el
amanecer de la Eternidad
William Blake
El apego es una causa crítica y fundamental
del sufrimiento, o de la insatisfacción, que se menciona
muchas veces en el budismo.
Asume muchas formas: estamos apegados a
nuestra nación, a nuestro linaje, a nuestra religión, a
nuestra educación, a la dieta elegida y particularmente a
nuestras enfermedades.
Sobre todo, estamos apegados a la noción de
ser una entidad separada, separada de todas las demás
entidades, que se llama yo.
Extrañamente, ninguna cantidad de
investigación seria nos permite dar con ese yo. Puedo
encontrar mi pie y mi hígado, y mi pensamiento y mi emoción,
pero el ser que es dueño de estos atributos no puede ser
hallado separadamente en ninguna parte. Sobre este tema se
podría escribir todo un libro y, de hecho, muchos se han
escrito; pero el resultado, si nos permitimos profundizar un
poco más -¿tal vez preferiríamos no hacerlo?- es que lo que
pensábamos que estaba separado se convierte en una
interacción entre todas las formas que surgen del vacío, y
ninguna de ellas está intrínsecamente separada.
Sin embargo, permanecemos definitivamente
apegados.
Mi propuesta respecto a este tema es la
siguiente: estoy apegado a todo tipo de cosas, no digo que
sea de otra manera. Si trato de librarme de mis apegos,
simplemente alimento aquello de lo que me quiero librar con
mi atención, lo que no hace sino alimentar el problema
percibido. El resultado es bastante evidente.
Sin embargo, si en lugar de ser violento
conmigo mismo puedo traer compasivamente este apego ante la
conciencia desnuda y retirar los juicios que mantengo,
entonces surge el espacio en el que el apego puede florecer
en otra cosa.
Para un terapeuta esto es particularmente
aplicable al deseo de curar a alguien. Éste es un enganche
enorme, y el efecto del enganche es asegurar que la relación
energética entre mí y el paciente sea de esfuerzo, no de
escucha vacía y relajada. El tipo de escucha que es
terapéutica en sí misma. Este tipo de intervención surge de
mi visión limitada de cómo debería estar el paciente. Si
puedo limitarme a presentar un gran espacio en el que el
paciente pueda expresarse plenamente, no necesariamente
verbalmente, todo su sufrimiento, no sólo el síntoma
presente, entonces entra en juego una iluminación inherente
y se revela la inteligencia. No sólo mi mejor intención
mecánica. Entonces es posible que el paciente oiga, tal vez
por primera vez, una revelación de su verdadero ser, que no
es otra cosa que una expresión del vacío. La frase más
grande de Sutherland, en mi opinión, "puedes confiar en la
marea", resuena con esto.
Cuando los terapeutas se sienten atraídos
hacia lo que podríamos denominar el trabajo espiritual, a
veces tienen la falsa noción que de algún modo no deberían
cobrar por su trabajo. Yo les ofrezco esto: elegimos nacer
en la forma humana, en tiempo y espacio, donde hay una
definición perfectamente válida de lo que es la justa manera
de ganarse la vida. Esta definición ha incluido durante
varios cientos de años la idea de que el dinero es un medio
de intercambio. Eso es todo. No tiene valor intrínseco, es
un medio de intercambio y no valorar en términos corrientes
lo que ofrecemos es devaluarlo. Éste es uno de los muchos
ejemplos que podemos encontrar de la "compasión idiota".
Robar a la gente es robar a la gente. Pedir un salario justo
es justo. Dar apoyo a los pobres y necesitados también es
justo, cuando es apropiado.
Si eres guiado a vivir como un monje y a
ponerte a la merced y generosidad de otros que te sustenten
y a cambio les das sabiduría/curación, ése es un intercambio
justo. Lo mismo ocurre si usas el dinero como medio. Por
favor, no hagas un juicio respecto a cuál es mejor. Algo
similar ocurre cuando la gente se siente llevada a enseñar.
"¿Estoy preparado, sé lo suficiente, me sentiré pillado?"
Surgen todas estas dudas.
Estas son preguntas muy válidas si quieres
enseñar aritmética o mecánica del motor. Pero si te sientes
llevado hacia algo muy diferente, la única pregunta es:
"¿Estoy preparado para soltar lo que me mantiene separado de
los alumnos, estoy preparado a ser únicamente lo que soy?
¿Puedo compartir eso tal como es, sin ningún juicio de ser
suficientemente bueno o no ser suficientemente bueno?. El
apego a "no ser suficientemente bueno" es enorme. No tiene
sustancialidad, es un apego y la conciencia de eso abre la
posibilidad de cambiar. El cambio está en el núcleo de todo
fenómeno.
Si puedo compartir eso, esa integridad
permitirá al alumno realizar (hacer real o concreto; dar
realidad o sustancia a; "nuestras ideas deben ser
sustanciadas en acciones"), en la práctica compartida, su
propia integridad. A todos los niveles, Espíritu, mente y
cuerpo.
Hemos tocado
aquí, muy brevemente, la noción de impermanencia o
insustancialidad.
Es un tema muy
extenso y muchas personas consideran que la impermanencia es
negativa. Ésta es una visión muy limitada puesto que, como
en todo lo demás, hay otro lado. Si las cosas buenas son
impermanentes, entonces, por la misma regla, también lo son
las cosas malas (nótese el juicio en estos adjetivos).
Éste es mi
ejemplo, que puede ser familiar a quienes me conocen; no
tengo un Aston Martin DB7 (mi coche favorito y carísimo). Si
hubiera permanencia, nunca tendría un Aston Martin. Pero,
como nada es permanente, un día podría tener un Aston
Martin. ¿Qué quieres? ¿Zapatos Ferrogamo? ¿Muchos pacientes?
¿Curar a muchos pacientes? ¿Una vida mejor? ¿La santidad? Da
gracias por la impermanencia.
Ésta es una
pequeña historia de Carmen Renalias, de España, que ilustra
perfectamente el trabajo con el apego, sin intentar librarse
de él;
En una de las
prácticas que hicimos, sentí que iba a un nivel más y más
profundo, podía sentir que no estaba en mi cuerpo, que no
estaba en mis sentimientos, que ni siquiera era yo misma en
este tiempo, que simplemente estaba por todas partes y el
tiempo no existía. Y entonces, no sé de dónde vino, surgió
la imagen de mis hijos, y de repente volví y noté que no
podía despegarme de ellos, surgió el miedo de perderlos.
De algún modo
he estado donde no sentía apego, ni placer, ni dolor, sólo
ser, pero el miedo de perder a mis hijos fue tan fuerte que
me causó mucho sufrimiento, y tristeza al pensar en soltar
mi apego a ellos. La tristeza simplemente era. Fue
importante experimentarla, porque aunque había sufrimiento,
podía ver el camino por debajo del sufrimiento. Del todo ser
uno, surgió la diferenciación, mis hijos y yo, el amor se
convirtió en miedo. Aún me mueve ahora, cuando lo escribo y
hace que me sienta muy humilde y muy cuidadosa conmigo
misma.
En esta vida
nos apegamos a nuestra familia, a nuestras ideas, a nuestros
profesores y, como has dicho, a nuestra vida... y nos
olvidamos de que todo es uno.
¡Por favor no
os apeguéis a libraros del apego!