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CONVERSACIONES EN QUIETUD

CONVERSACIONES
EN QUIETUD

Con Mike Boxhall

Capítulo 11

JUNIO

¡CUANDO HAY CAOS!

El Espíritu es como yo llamo a eso que subyace y es la causa última de toda vida. El genoma no causa la vida, sino que dicta la forma que tomará. Espíritu es el nombre que doy al impulso que causa el emerger de la forma a partir del vacío, en práctica compartida con el vacío.

El dedo en movimiento escribe, y, habiendo escrito,
Sigue su camino: ni toda tu piedad ni todo tu ingenio
Podrán hacerle volver y cancelar ni media línea,
Todas tus lágrimas no podrán lavar una sola palabra de lo escrito.
El Rubaiyat. Omar Kahyyam, siglo XI.

El problema de la mayoría de las terapias, alopáticas y complementarias, y de la mayoría de las religiones, convencionales o marginales, es que no sólo se enfocan en las formas, sino en formas que son producto de muchas vidas de formas y más formas no digeridas. El paquete se ha superpuesto al contenido. Hemos perdido la confianza en la impronta, en la intencionalidad original de ser. El intelecto, que ya es una cristalización de la forma personal, se ha convertido en lo preeminente, en lugar de ser una herramienta.

No es posible trabajar con el Espíritu desde la forma, sólo es posible convertirse en el Espíritu. Esto requiere soltar la división, la separación, para convertirse en lo que es común.
Harold D. Roth, en su preciosa traducción de un antiguo texto taoísta en Original Tao (Columbia University Press-1999), lo describe así:

En cuanto al Camino:

Es aquello de lo que la boca no puede hablar,
Los ojos no pueden ver,
Y los oídos no pueden oír.
Es eso con lo que cultivamos la mente y alineamos el cuerpo.
Cuando la gente lo pierde, muere;
Cuando la gente lo adquiere, florece;
Cuando las empresas lo pierden, fracasan;
Cuando lo ganan, tienen éxito.
El Camino nunca tiene raíz o tronco,
Nunca tiene hojas ni flores.
La miríada de cosas son generadas por él;
La miríada de cosas son completadas por él.
Lo llamamos “el Camino”.

Tratemos de trabajar desde el Espíritu y en la Quietud del potencial absoluto donde no hay dolor. Esto no es fácil en absoluto, como muchos de nosotros hemos podido descubrir. Queremos encontrar algo a lo que nos podamos aferrar. Algo que dé sentido al desorden, la enfermedad (Aquí viene una cita de James Low, psicoterapeuta y profesor budista): “El punto clave de esto es que cualquier cosa que construyamos es impermanente, tiene fallos y algún día se desmoronará y se hará polvo. Y esto es cierto de todas las escuelas de psicoterapia y también de todas las escuelas de budismo. Son impermanentes…” (Esto es muy duro, incluso los profesores y las enseñanzas son impermanentes.)

“EL VERDADERO DHARMA NO ES EL DHARMA QUE PUEDE EXPRESARSE EN PALABRAS.”
(¡Y la verdadera curación no es algo que pueda hacerse!)

“En el mundo moderno, donde prevalece la confusión y la sensación de estar perdidos, a menudo queremos encontrar un refugio seguro, y podemos acudir al Dharma o a algún sistema terapéutico, o a algún sistema de creencias para que nos ofrezca algún tipo de refugio. Pero creo que tenemos que recordar que cualquier apoyo y sentido de dirección que podamos desarrollar visitando centros del Dharma, yendo de peregrinación, haciendo ciertas prácticas… estas cosas en sí mismas están construidas y existen en un mundo de impermanencia. Y si confiamos demasiado en ellas, es muy fácil verse llevado a posiciones dogmáticas; a pensar que tu visión está bien y la de los demás mal; a establecer grupos de “iniciados” que excluyen a los foráneos y toda la perversidad dualista que preside nuestra vida moderna.”

Los comentarios de James también son aplicables a nuestra práctica curativa.

La quietud es el útero de la creación. Reside en el espacio silente que existe entre cada acción.

Quietud y caos son dos caras de la misma moneda. Coexisten en danza eterna. Ambos surgen del vacío. El problema es el apego a una o al otro. ¿Tal vez el único problema?

“Si te preguntan: ‘¿Cuál es el signo de tu Padre en ti?’, diles ‘Es movimiento y reposo’.”

El Evangelio de Tomás.

Jo Feat me envía la siguiente oferta que encaja bien en este capítulo:

Abrazar el caos:

Muévete hacia lo que hace latir tu corazón tan salvajemente que tengas que pararte a tomar una respiración,

Ofrece tu mente y observa cómo se revela un secreto.

Tócame tan sutilmente que me disuelva como la luz del sol rompiéndose en una miríada de sombras;

Déjame que te vea reír desde la planta de los pies hasta los confines más lejanos del universo.

Y recuerda atesorar cuidadosamente tus lágrimas y embotellarlas con el dulce elixir del amor.

No me cuentes con tono susurrante que estás trabajando en ti mismo
Ábrete al dolor surgido de los huesos que se rompen en el centro de tu pecho
Hornea un pastel de corazón y cabeza, y déjame lamer el cuenco.

Abraza el caos-deléitate en lo absurdo
Cánsate de la imitación
Abalánzate y elévate a cámara lenta
Como un pájaro multicolor.


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