¡CUANDO HAY CAOS!
El Espíritu es como yo llamo a eso que
subyace y es la causa última de toda vida. El genoma no
causa la vida, sino que dicta la forma que tomará. Espíritu
es el nombre que doy al impulso que causa el emerger de la
forma a partir del vacío, en práctica compartida con el
vacío.
El dedo en movimiento escribe, y, habiendo
escrito,
Sigue su camino: ni toda tu piedad ni todo tu ingenio
Podrán hacerle volver y cancelar ni media línea,
Todas tus lágrimas no podrán lavar una sola palabra de lo
escrito.
El Rubaiyat. Omar Kahyyam, siglo XI.
El problema de la mayoría de las
terapias, alopáticas y complementarias, y de la mayoría de
las religiones, convencionales o marginales, es que no sólo
se enfocan en las formas, sino en formas que son producto de
muchas vidas de formas y más formas no digeridas. El paquete
se ha superpuesto al contenido. Hemos perdido la confianza
en la impronta, en la intencionalidad original de ser. El
intelecto, que ya es una cristalización de la forma
personal, se ha convertido en lo preeminente, en lugar de
ser una herramienta.
No es posible trabajar con el Espíritu
desde la forma, sólo es posible convertirse en el Espíritu.
Esto requiere soltar la división, la separación, para
convertirse en lo que es común.
Harold D. Roth, en su preciosa traducción de un antiguo
texto taoísta en Original Tao (Columbia University
Press-1999), lo describe así:
En cuanto al Camino:
Es aquello de lo que la boca no puede
hablar,
Los ojos no pueden ver,
Y los oídos no pueden oír.
Es eso con lo que cultivamos la mente y alineamos el cuerpo.
Cuando la gente lo pierde, muere;
Cuando la gente lo adquiere, florece;
Cuando las empresas lo pierden, fracasan;
Cuando lo ganan, tienen éxito.
El Camino nunca tiene raíz o tronco,
Nunca tiene hojas ni flores.
La miríada de cosas son generadas por él;
La miríada de cosas son completadas por él.
Lo llamamos “el Camino”.
Tratemos de trabajar desde el Espíritu y
en la Quietud del potencial absoluto donde no hay dolor.
Esto no es fácil en absoluto, como muchos de nosotros hemos
podido descubrir. Queremos encontrar algo a lo que nos
podamos aferrar. Algo que dé sentido al desorden, la
enfermedad (Aquí viene una cita de James Low, psicoterapeuta
y profesor budista): “El punto clave de esto es que
cualquier cosa que construyamos es impermanente, tiene
fallos y algún día se desmoronará y se hará polvo. Y esto es
cierto de todas las escuelas de psicoterapia y también de
todas las escuelas de budismo. Son impermanentes…” (Esto
es muy duro, incluso los profesores y las enseñanzas son
impermanentes.)
“EL VERDADERO DHARMA NO ES EL DHARMA
QUE PUEDE EXPRESARSE EN PALABRAS.”
(¡Y la verdadera curación no es algo que pueda hacerse!)
“En el mundo moderno, donde prevalece
la confusión y la sensación de estar perdidos, a menudo
queremos encontrar un refugio seguro, y podemos acudir al
Dharma o a algún sistema terapéutico, o a algún sistema de
creencias para que nos ofrezca algún tipo de refugio. Pero
creo que tenemos que recordar que cualquier apoyo y sentido
de dirección que podamos desarrollar visitando centros del
Dharma, yendo de peregrinación, haciendo ciertas prácticas…
estas cosas en sí mismas están construidas y existen en un
mundo de impermanencia. Y si confiamos demasiado en ellas,
es muy fácil verse llevado a posiciones dogmáticas; a pensar
que tu visión está bien y la de los demás mal; a establecer
grupos de “iniciados” que excluyen a los foráneos y toda la
perversidad dualista que preside nuestra vida moderna.”
Los comentarios de James también son
aplicables a nuestra práctica curativa.
La quietud es el útero de la
creación. Reside en el espacio silente que existe entre cada
acción.
Quietud y caos son dos
caras de la misma moneda. Coexisten en danza eterna. Ambos
surgen del vacío. El problema es el apego a una o al otro.
¿Tal vez el único problema?
“Si te preguntan: ‘¿Cuál es el signo de
tu Padre en ti?’, diles ‘Es movimiento y reposo’.”
El Evangelio de Tomás.
Jo Feat me envía la siguiente oferta que
encaja bien en este capítulo:
Abrazar el caos:
Muévete hacia lo que hace latir tu
corazón tan salvajemente que tengas que pararte a tomar una
respiración,
Ofrece tu mente y observa cómo se revela
un secreto.
Tócame tan sutilmente que me disuelva
como la luz del sol rompiéndose en una miríada de sombras;
Déjame que te vea reír desde la planta de
los pies hasta los confines más lejanos del universo.
Y recuerda atesorar cuidadosamente tus
lágrimas y embotellarlas con el dulce elixir del amor.
No me cuentes con tono susurrante que
estás trabajando en ti mismo
Ábrete al dolor surgido de los huesos que se rompen en el
centro de tu pecho
Hornea un pastel de corazón y cabeza, y déjame lamer el
cuenco.
Abraza el caos-deléitate en lo absurdo
Cánsate de la imitación
Abalánzate y elévate a cámara lenta
Como un pájaro multicolor.