La esencia de lo que estoy tratando de
decir aquí es que el trabajo a nivel profundo, el denominado
nivel del Espíritu, es un ejercicio en el que venimos desde
un lugar profundo de nuestro Ser, no un ejercicio para
refinar lo que hacemos con una precisión anatómica cada vez
mayor...
La mayoría de las declaraciones que
siguen tendrán capítulos asignados a medida que avancemos,
pero aquí es donde yo empiezo a desplegar mi parada y os
invito a colaborar.
Nosotros no hacemos este nivel de
trabajo con el otro —llamémosle, a él o ella, el cliente— ,
simplemente el trabajo es el resultado revelado de la
sinergia que se crea en la relación.
Permitidme que parta esta frase en
pedazos y explique su significado. La relación, a este
nivel, es lo que está ahí cuando lo que nos mantiene
separados, el intelecto personal, el ego personal, y tal
vez, el alma personal e individual, se rinden. Lo que queda
es la comunalidad de Ser, que es Espíritu.
Revelación es el emerger (y la caída) de las formas,
fenómenos del tipo que sean, a partir del vacío de la
presencia, el presente eterno, del ahora.
Soltar lo que nos mantiene separados, y aproximarnos al
cliente desde ese lugar significa que tocamos al cliente
desde ese nivel en él, tanto si eso está contenido en su
conciencia o en la nuestra. Surge una sinergia. Sinergia:
cuando dos elementos se aproximan uno al otro de modo que lo
que se puede conseguir conjuntamente sobrepasa lo que se
puede conseguir separadamente, están actuando con SINERGIA.
La sinergia, en este caso, lleva la eficacia de la
cooperación más allá de las expectativas habituales.
Diccionario Chambers.
La barrera a este nivel de trabajo es lo
que he descrito anteriormente en la explicación de la
relación. Nos da mucho miedo renunciar a nuestro sentido de
separación; está tan atrincherado que hemos llegado a creer
somos nuestra experiencia de vida. En realidad, esa persona,
esa imagen que creo que soy yo, no es nada más que una
contracción limitada del emerger y pasar de la esencia en la
forma.
A este capítulo se le llama Conciencia, y
el poema que lo encabeza trata de abordar este tema:
Ser consciente de quien realmente soy implica un examen de
las suposiciones desplegadas en la primera estrofa.
La segunda estrofa habla del descenso en lo desconocido, las
profundidades ocultas del inconsciente, capa tras capa.
Las últimas dos líneas describen la revelación de que lo
primero que emerge de la Quietud, en su mayor profundidad,
es conciencia. Simplemente conciencia misma, sin forma; aún
no hay separación entre la forma y lo informe; Proceso
mismo, sin forma que esté siendo procesada.
Para mí, la mayor toma de conciencia
enseñando/facilitando este tipo de trabajo es que, en
realidad, ¡no hay nada que enseñar! Lo único que hay que
hacer es crear el espacio seguro en el que eso ya está allí,
y puede revelarse. He llegado a creer totalmente (y a
experimentar) que la realidad es lo que está ahí cuando
podemos habitar en la Quietud, en el presente, sin juicio.
En este caso, con la palabra juicio me refiero a la mera
intelectualización, examen, limitación y recuerdo del tipo
del que depende la experiencia no digerida.
Si no hay nada que enseñar, no puede
haber nada que aprender; ¡sólo hacerse consciente!
Lo que sigue es una excelente contribución de Gary
Lee Roba. Esto demuestra una excelente comprensión, muy
bellamente expresada, del hecho de que la conciencia QUE
HACE no es quietud.
¿QUÉ ES CONSCIENTE?
Repasando las notas de Mike para este
mes, lo que me sorprendió fueron las tres palabras que
escribió debajo de la imagen del sol y la luna en el
polo norte: “¿Qué es consciente?” Esta pregunta va
exactamente al núcleo del asunto.
Yo solía creer que la conciencia era
un estado mental que yo tenía que producir. Esto hacía
que yo tuviera que mantenerme/fijarme en una posición
mental específica [lo que también requería que tensara
sutilmente mi musculatura] para producir y mantener una
forma de ser específica a la que yo llamaba
“conciencia”. En una sesión craneosacral, significaba
hacer todo eso mientras mis manos sentían el cuerpo de
otra persona, de tal modo que fuera capaz de enfocar el
estado que estaba cultivando [“conciencia”] hacia
aspectos determinados de su anatomía interna, para que
la persona fuera “consciente” de lo que ocurría o dejaba
de ocurrir dentro de ella. Pensaba que al desarrollar mi
capacidad de hacer esto estaba desarrollando mis
“habilidades perceptuales”, y disfrutaba mucho las
alabanzas de mis profesores a medida que las mejoraba y
afinaba.
Por supuesto, la Fuente me puso
“palos en la rueda” cuando empecé a notar repetidamente
durante las sesiones que los cambios más profundos
tendían a ocurrir en los momentos en los que no estaba
“haciendo” plenamente este trabajo de conciencia. Aunque
era razonablemente bueno a la hora de mantener un estado
de presencia extrovertida que se enfocaba en el sistema
del cliente, invariablemente había momentos en los que
“mi conciencia” se deslizaba por debajo de la negrura o
de la nada; una y otra vez ocurría que era precisamente
en esos momentos cuando el sistema del cliente realizaba
sus mayores cambios o liberaciones, y me daba cuenta de
ellos cuando mi conciencia retornaba. Aún me dejaba más
perplejo la observación ocasional de que esto ocurría
cuando yo me despistaba momentáneamente, o estaba
mirando por la ventana.
Gradualmente fui dándome cuenta que
la Conciencia estaba allí completamente,
independientemente de [o a pesar de] de lo que yo
hiciera conmigo mismo para producir lo que yo creía que
era un “estado de conciencia”. De hecho, los momentos en
que la conciencia parecía verdaderamente libre y
presente generalmente se producían cuando yo “no era
consciente”. Esta observación se ha ido haciendo más y
más clara a lo largo de los años de sesiones, y también
en la vida cotidiana.
No podemos “hacer” la conciencia. La
conciencia está siempre allí. Nuestras mentes no
producen o contienen conciencia; más bien ellas [y todo
lo demás] están contenidas dentro de la conciencia. No
podemos hacer algo particular para llegar a ser
conscientes, ya somos conscientes. Lo que podemos hacer
es fragmentar la conciencia, manipulándola para fijarla
o reducirla a lo que parece ser una parte, aunque
incluso esto mismo no es más que otro bucle de inercia
dentro del campo mayor de conciencia, dentro del campo
mayor de la Marea. Cuando ponemos las manos en el
sistema de otra persona, la Conciencia ya está
completamente allí, independientemente de cuál sea
nuestra orientación personal hacia ella.
¿Qué es conciencia? Conciencia es la
Marea. La naturaleza de la conciencia es organizarse a
sí misma como campos dentro de campos de movimientos de
marea que se expande y se contrae. La Marea es
consciente de nosotros, independientemente de que
nosotros seamos conscientes de ella. Cualquier cosa que
podemos ver/sentir es la Marea, y nuestro acto de verla
también es la Marea.
Cualquier cosa específica de la que
seamos conscientes es, por su propia naturaleza, una
fragmentación de la conciencia, que de este modo queda
limitada al campo de ese fragmento/forma. La
fragmentación es un proceso natural de la conciencia.
Sin la función fragmentación no podría haber objetos, ni
conciencia de los objetos, ni relaciones sujeto-objeto,
y por tanto no podría haber manifestación en absoluto.
La capacidad de la conciencia de fragmentarse a sí misma
es lo que permite a la conciencia aparecer [ante sí
misma] /existir.
Cada paso que descendemos hacia un
campo más estrecho [fragmentación] produce el fenómeno
al que nos referimos con el nombre de inercia; cada paso
ascendente [reconexión con una totalidad mayor] produce
el fenómeno de la potencia. De este modo, potencia e
inercia son esencialmente la misma fuerza: la
fuerza/energía producida por la acción de la conciencia
manifestándose como forma. A todos los niveles, la
conciencia se manifiesta como movimiento de marea de
expansión y estrechamiento, así la conciencia es la
Marea. Cuando la conciencia se mueve profundamente en la
dirección de la fragmentación, la intensidad de las
fuerzas inerciales presentes crea campos en los que el
movimiento de marea/expresión queda cada vez más
inhibido, hasta que llega a disolverse. Cuando la
conciencia se mueve profundamente en la dirección de la
no-fragmentación, la intensidad de la potencia presente
crea campos más y más amplios en los que el
movimiento/expresión de marea se hace más y más
radiante, hasta el nivel de la pura luz/el ser.
Cuando la inercia se mueve en la
dirección de la no-fragmentación, lo cual sólo puede
hacer cuando es tocada/vivificada por la conciencia, se
transmuta en potencia, y se produce la reorganización
del sistema en el que estaba contenida hacia el nivel de
una totalidad mayor; ésta es la esencia del trabajo
craneosacral biodinámico. Esta transmutación de la
inercia en potencia, y la organización sistémica
resultante, es la ley natural de la Marea/de la
conciencia. La Marea misma es la que hace este trabajo
cuando toma conciencia de sí misma [este funcionamiento
queda potenciado por el reflejo (o espejo) que el
terapeuta ofrece al cliente].
La fragmentación [inercia] es un
oscuramiento de la conciencia, la no-fragmentación
[potencia] es una vitalización de la conciencia; esto
también es una Marea. Cualquier cosa que el terapeuta
“haga” para manipular/controlar su conciencia personal
es una fragmentación, algo que apaga la conciencia. Por
eso los cambios profundos se producen en las sesiones
cuando el terapeuta se quita de en medio. Sus esfuerzos
por enfocar/practicar la conciencia a fin de localizar y
soltar la inercia son en realidad un movimiento en la
dirección de una mayor fragmentación e inercia. De
hecho, a veces “despistarse” puede ser menos
inercial/fragmentado que “concentrarse” o enfocarse, que
es un “hacer” más determinado.
Los estados menos
inerciales/fragmentados estarán en la dirección de la
no-diferenciación, profundizando hacia niveles de
conciencia más claros y profundos —conciencia
desinhibida/Marea no-obstruida— en los que realmente
podemos decir que “el trabajo hace el trabajo”.